[...] -¿Sabes? antes, antes éste era un país fantástico. No se qué es lo que le habrá pasado.
- Que todo el mundo tiene miedo, eso es lo que ha pasado. No podemos entrar ni en un hotel de segunda y menos en un motel de segunda, creen que les vamos a degollar, tienen miedo.
- No les dais miedo vosotros, les da miedo lo que representáis para ellos.
- ¿Ah, si? lo que representamos para ellos es que necesitamos un corte de pelo.
- No no. Lo que representáis para ellos, es la libertad.
- ¿Y que tiene de malo la libertad? Todo el mundo la quiere.
- Si desde luego, todo el mundo quiere ser libre, si. Pero una cosa es hablar de ello y otra muy diferente es serlo. Es muy difícil ser libre cuando te compran y te venden en el mercado. Claro qué no les digas jamás que no son libres, por que entonces se dedicaran a matar y a mutilar para demostrar que lo son. Si, si, están todo el día dale que dale y dale que dale con la libertad individual y ven un individuo libre, y se cagan de miedo.
- Pues el miedo no les hace huir.
- No, el miedo les hace peligrosos. [...]
13 de junio de 2011
15 de mayo de 2011
Reflexión sobre el conservatorio (versión 2.0)
He tenido que esperar dos años más para acabar. Pero todo ya ha pasado. Por eso quiero recuperar (y reciclar un poco) algo que escribí hace dos años pensando en este momento.
Hacía un bonito día de Septiembre. En el cielo, sólo una lenta y desafiante nube le quitaba el protagonismo a un Sol que brillaba en su máxima esplendor. De la mano de mis padres recorría los últimos metros hacia un edificio amarillo que contrastaba con el azul del cielo y el verde de los árboles del cercano parque. Entramos en el refrescante recibidor y tras subir las, ya por aquel entonces, gastadas escaleras, llegamos a una inmensa sala. Allí había más niños, que como yo, iban engalanados y estaban nerviosos por algo que aún no sabíamos muy bien que iba a pasar. Me despedí de mis padres y me senté junto a los otros niños. No recuerdo muy bien quienes serían aquellos que estaban a mi lado, pero lo más seguro es que la mayoría no se acuerden de esto. Ese fue el día en el que marcaríamos parte de nuestro futuro. Una pequeña de prueba de ritmo auguraría nuestra permanencia en la institución o un "siga intentándolo". Recuerdo, con nostalgia, que teníamos que cantar una canción, y que llevaba preparada "¿Dónde están las llaves?"; pero aún no sé porque cuando me dijeron que cantara algo, yo, ni corto ni perezoso, me lancé y les canté al tribunal "Salomé".
Una semana más tarde volvimos a esa sala, aunque esta vez acompañados de nuestros padres a la abarrotada. Más por eliminación que por vocación enumeramos los instrumentos de la lista empezando por piano, viento y acabando en cuerda. Las plazas de piano se acabaron pronto y cuando llegó mi turno, me levanté y dije en voz alta "Saxofón". Sin estar todavía seguro de que había hecho, me senté y mis padres, a mi lado, sonrieron. Por aquel entonces no era consciente de la decisión que había tomado...De echo aún no estoy seguro haber hecho lo correcto.
Desde entonces han pasado 12 años, y de los más de 100 que empezamos aquel fantástico 1998 en la antigua cárcel del Coto, sólo una treintena hemos llegado hasta el translado a la Laboral. Los hubo que fueron repitiendo y quedándose atrás, aunque la gran mayoría renunció a algo, que para al menos algunos, fue mucho más que a un hobby.
Y es que diez años son mucho tiempo para cualquiera, para mí es más de la mitad de mi vida. Hay quien piensa que el conservatorio es como otra actividad extraescolar más, pero no tiene nada que ver. Hay que estar dentro para saber que es lo que hay. Gente hablando de compositores como si fueran la ultima figura de OT, mientras que otros pasan más tiempo estudiando que relacionandose con el resto de la humanidad, aunque no con el resto de los habitantes del conser. Somos intentos de músico: algunos acabaran por serlo y otros no, pero mientras tanto hemos pasado años formándonos en este infravalorada arte.
Y es que diez años dan para muchos cambios: de ingenuos niños a alocados jóvenes; de mirar asombrados como los "mayores" tocaban todo tipo de obras imposibles, a ser nosotros los que tenemos que hacer lo imposible posible; de tener que aprender a identificar las tonalidades y modalidades a tener que aprender a usarlas para nuestras improvisaciones; de temer al profesor a quedar con él para salir a tomar unas cervezas; de hacer los deberes todos juntos antes de Lenguaje Musical, a hacerlos antes de Análisis...
Han pasado demasiadas cosas, demasiada gente que ha dejado su huella, demasiados cotilleos y rumores, sorpresas y desilusiones, risas y llantos, amistades y enemistades...
Todos esos compañeros de clases y ensayos con los que puedes compartir tus problemas o tus apuntes de historia. Ellos son como tú, los "raritos que van al conser", que se esfuerzan por compaginar exámenes y conciertos, por no decir la rutina diaria. Vais juntos a Cámara, a la OSToni, la Little o incluso al Risax y la Manada. Les ves por los pasillos y les saludas, sales de fiesta con ellos, porque son los únicos con los que también tienes de tema de conversación el conservatorio. Son los que antes del examen de Ana Rosa te dicen lo que no te estudiaste y entra, los que los viernes por la tarde se quedan pringando cómo tú y después salen a tomar algo mientras comentan el ensayo. Los que tienen la ropa negra siempre apunto para tocar en cualquier momento, en cualquier sitio. Son esos que están para echarte una mano siempre, y que, espero, siempre tendrás ahi...
¿Y ahora qué? Algunos seguirán, otros le darán la espalda como si nada, y otros, entre los que ya no me incluyo, aún siguen debatiéndolo. Lo que si sé es que tanto tiempo nos ha cambiado, y ha sido un cambio para mejor...
Sinceramente: muchas gracias por todo
Moreira
Hacía un bonito día de Septiembre. En el cielo, sólo una lenta y desafiante nube le quitaba el protagonismo a un Sol que brillaba en su máxima esplendor. De la mano de mis padres recorría los últimos metros hacia un edificio amarillo que contrastaba con el azul del cielo y el verde de los árboles del cercano parque. Entramos en el refrescante recibidor y tras subir las, ya por aquel entonces, gastadas escaleras, llegamos a una inmensa sala. Allí había más niños, que como yo, iban engalanados y estaban nerviosos por algo que aún no sabíamos muy bien que iba a pasar. Me despedí de mis padres y me senté junto a los otros niños. No recuerdo muy bien quienes serían aquellos que estaban a mi lado, pero lo más seguro es que la mayoría no se acuerden de esto. Ese fue el día en el que marcaríamos parte de nuestro futuro. Una pequeña de prueba de ritmo auguraría nuestra permanencia en la institución o un "siga intentándolo". Recuerdo, con nostalgia, que teníamos que cantar una canción, y que llevaba preparada "¿Dónde están las llaves?"; pero aún no sé porque cuando me dijeron que cantara algo, yo, ni corto ni perezoso, me lancé y les canté al tribunal "Salomé".
Una semana más tarde volvimos a esa sala, aunque esta vez acompañados de nuestros padres a la abarrotada. Más por eliminación que por vocación enumeramos los instrumentos de la lista empezando por piano, viento y acabando en cuerda. Las plazas de piano se acabaron pronto y cuando llegó mi turno, me levanté y dije en voz alta "Saxofón". Sin estar todavía seguro de que había hecho, me senté y mis padres, a mi lado, sonrieron. Por aquel entonces no era consciente de la decisión que había tomado...De echo aún no estoy seguro haber hecho lo correcto.
Desde entonces han pasado 12 años, y de los más de 100 que empezamos aquel fantástico 1998 en la antigua cárcel del Coto, sólo una treintena hemos llegado hasta el translado a la Laboral. Los hubo que fueron repitiendo y quedándose atrás, aunque la gran mayoría renunció a algo, que para al menos algunos, fue mucho más que a un hobby.
Y es que diez años son mucho tiempo para cualquiera, para mí es más de la mitad de mi vida. Hay quien piensa que el conservatorio es como otra actividad extraescolar más, pero no tiene nada que ver. Hay que estar dentro para saber que es lo que hay. Gente hablando de compositores como si fueran la ultima figura de OT, mientras que otros pasan más tiempo estudiando que relacionandose con el resto de la humanidad, aunque no con el resto de los habitantes del conser. Somos intentos de músico: algunos acabaran por serlo y otros no, pero mientras tanto hemos pasado años formándonos en este infravalorada arte.
Y es que diez años dan para muchos cambios: de ingenuos niños a alocados jóvenes; de mirar asombrados como los "mayores" tocaban todo tipo de obras imposibles, a ser nosotros los que tenemos que hacer lo imposible posible; de tener que aprender a identificar las tonalidades y modalidades a tener que aprender a usarlas para nuestras improvisaciones; de temer al profesor a quedar con él para salir a tomar unas cervezas; de hacer los deberes todos juntos antes de Lenguaje Musical, a hacerlos antes de Análisis...
Han pasado demasiadas cosas, demasiada gente que ha dejado su huella, demasiados cotilleos y rumores, sorpresas y desilusiones, risas y llantos, amistades y enemistades...
Todos esos compañeros de clases y ensayos con los que puedes compartir tus problemas o tus apuntes de historia. Ellos son como tú, los "raritos que van al conser", que se esfuerzan por compaginar exámenes y conciertos, por no decir la rutina diaria. Vais juntos a Cámara, a la OSToni, la Little o incluso al Risax y la Manada. Les ves por los pasillos y les saludas, sales de fiesta con ellos, porque son los únicos con los que también tienes de tema de conversación el conservatorio. Son los que antes del examen de Ana Rosa te dicen lo que no te estudiaste y entra, los que los viernes por la tarde se quedan pringando cómo tú y después salen a tomar algo mientras comentan el ensayo. Los que tienen la ropa negra siempre apunto para tocar en cualquier momento, en cualquier sitio. Son esos que están para echarte una mano siempre, y que, espero, siempre tendrás ahi...
¿Y ahora qué? Algunos seguirán, otros le darán la espalda como si nada, y otros, entre los que ya no me incluyo, aún siguen debatiéndolo. Lo que si sé es que tanto tiempo nos ha cambiado, y ha sido un cambio para mejor...
Sinceramente: muchas gracias por todo
Moreira
29 de abril de 2011
La tormenta (II)
(http://lalibretademoreira.blogspot.com/2011/01/la-tormenta-i.html)
-Toda la vida...
Había sido el único murmullo que se había atrevido a romper la monotonía de las noches de lluvia en todo el tiempo que llevaba enclaustrado en su piso. Le había dado tiempo a reordenar toda la casa. Incluso había tenido tiempo para aprender a tocar la vieja guitarra de su padre, gracias a los numerosos tutoriales de YouTube. Pero todo eso había sido antes de que cortaran la electricidad. Cuando las autoridades aún pensaban que el ciclón pasaría de largo.
Ahora la situación era mucho más precaria. Llevaba cuatro días sin electricidad. A pesar de la oscuridad reinante, tanto dentro como fuera de su casa, intentaba seguir una rutina basándose en su reloj. De los otros vecinos solo sabía que estaban por algún ruido de platos al caer o los sollozos del bebé del 1º D. Gracias a las pequeñas rendijas de la persiana podía ver que las riadas aún no habían remitido y si bien se veía algo más de actividad de evacuación, aún mucha gente estaba como él. También podía ver los destrozos que estaba ocasionando: la vieja tienda de la esquina, en la que llevaba comprando desde que se había mudado a ese piso, estaba completamente anegada por el agua y con un árbol empotrado en el angosto cristal; muchos de los edificios del casco antiguo se habían derrumbado con los embistes del ciclón y los que habían sobrevivido, apenas si podían sostenerse; la zodiak de los voluntarios de Protección Civil que recogía a las personas en situaciones más desfavorecidas y las llevaba hasta el polideportivo de San Cristóbal. Allí era el lugar donde también estaría resguardándose Lucía. Lucía....
-¿Por qué tú?
Un nuevo murmullo había nacido aún entre los restos del anterior. Con la vista fija en la foto, la única que tenían ellos dos solos sin estar haciendo el mono, se la imaginó sentada junto a él abrazados, sonriendo alegremente mientras soñaban voz alta un futuro juntos, respirando ese olor que había dejado guardado en lo más profundo de su ser... Pero ante todo, clavando su mirada en esos ojos de color jade que le habían cautivado cuando eran sólo dos desconocidos en la fiesta de despedida de Marta...
Hacía más de siete años de aquella fiesta de despedida. Marta se iba un año al extranjero de Erasmus y Juan, su novio, había decidido hacerle una fiesta por todo lo alto. A Jorge le habían invitado como amigo de Juan y Lucía por ser su compañera de piso, ese piso del centro que después de estudiante había conseguido comprar.
Había llegado a la fiesta sin gana alguna, solo para que Juan lo viera dándole su apoyo entre el gentío. Su plan era sencillo: llegar, saludar, tomar una copa en un sitio tranquilo mientras hablaba con cualquiera de cualquier tema trivial y marcharse con la excusa de que tenía mucho que estudiar o que tenía ensayo por la mañana. Ya se le ocurriría algo.
Había buscado la localización perfecta: sentado en uno de los sofás, al lado de la ventana, algo separado del centro de la fiesta y, lo más importante, no muy lejos de la bebida. Ya estaba en la tercera fase de la operación cuando la vio. Hablaba con Marta mientras escudriñaba el resto de la fiesta. Fugazmente sus miradas se cruzaron y ella esbozó una sonrisa. Él desvió la mirada pero ella se fue acercando lentamente entre los grupillos hasta que, como el que no quiere la cosa, se situó frente a él.
-¿Qué haces aquí solo, separado del resto?
-Esperando a que alguien cómo tu venga para poder empezar a hacer locuras.
-Toda la vida...
Había sido el único murmullo que se había atrevido a romper la monotonía de las noches de lluvia en todo el tiempo que llevaba enclaustrado en su piso. Le había dado tiempo a reordenar toda la casa. Incluso había tenido tiempo para aprender a tocar la vieja guitarra de su padre, gracias a los numerosos tutoriales de YouTube. Pero todo eso había sido antes de que cortaran la electricidad. Cuando las autoridades aún pensaban que el ciclón pasaría de largo.
Ahora la situación era mucho más precaria. Llevaba cuatro días sin electricidad. A pesar de la oscuridad reinante, tanto dentro como fuera de su casa, intentaba seguir una rutina basándose en su reloj. De los otros vecinos solo sabía que estaban por algún ruido de platos al caer o los sollozos del bebé del 1º D. Gracias a las pequeñas rendijas de la persiana podía ver que las riadas aún no habían remitido y si bien se veía algo más de actividad de evacuación, aún mucha gente estaba como él. También podía ver los destrozos que estaba ocasionando: la vieja tienda de la esquina, en la que llevaba comprando desde que se había mudado a ese piso, estaba completamente anegada por el agua y con un árbol empotrado en el angosto cristal; muchos de los edificios del casco antiguo se habían derrumbado con los embistes del ciclón y los que habían sobrevivido, apenas si podían sostenerse; la zodiak de los voluntarios de Protección Civil que recogía a las personas en situaciones más desfavorecidas y las llevaba hasta el polideportivo de San Cristóbal. Allí era el lugar donde también estaría resguardándose Lucía. Lucía....
-¿Por qué tú?
Un nuevo murmullo había nacido aún entre los restos del anterior. Con la vista fija en la foto, la única que tenían ellos dos solos sin estar haciendo el mono, se la imaginó sentada junto a él abrazados, sonriendo alegremente mientras soñaban voz alta un futuro juntos, respirando ese olor que había dejado guardado en lo más profundo de su ser... Pero ante todo, clavando su mirada en esos ojos de color jade que le habían cautivado cuando eran sólo dos desconocidos en la fiesta de despedida de Marta...
Hacía más de siete años de aquella fiesta de despedida. Marta se iba un año al extranjero de Erasmus y Juan, su novio, había decidido hacerle una fiesta por todo lo alto. A Jorge le habían invitado como amigo de Juan y Lucía por ser su compañera de piso, ese piso del centro que después de estudiante había conseguido comprar.
Había llegado a la fiesta sin gana alguna, solo para que Juan lo viera dándole su apoyo entre el gentío. Su plan era sencillo: llegar, saludar, tomar una copa en un sitio tranquilo mientras hablaba con cualquiera de cualquier tema trivial y marcharse con la excusa de que tenía mucho que estudiar o que tenía ensayo por la mañana. Ya se le ocurriría algo.
Había buscado la localización perfecta: sentado en uno de los sofás, al lado de la ventana, algo separado del centro de la fiesta y, lo más importante, no muy lejos de la bebida. Ya estaba en la tercera fase de la operación cuando la vio. Hablaba con Marta mientras escudriñaba el resto de la fiesta. Fugazmente sus miradas se cruzaron y ella esbozó una sonrisa. Él desvió la mirada pero ella se fue acercando lentamente entre los grupillos hasta que, como el que no quiere la cosa, se situó frente a él.
-¿Qué haces aquí solo, separado del resto?
-Esperando a que alguien cómo tu venga para poder empezar a hacer locuras.
15 de marzo de 2011
Insomio con red social
Estaba más cerca del amanecer que de la medianoche, pero él aún no podía conciliar el sueño. Buscaba una conexión, algo que le dijera el porqué. Llevaba horas navegando por su extensa red de contactos, fotos y comentarios, abusando de su privacidad hasta el limite de la legalidad. Y aún no había sacado nada en limpio. Se concedió un descanso. Levantó la mirada de la pantalla de su portátil y se quitó los auriculares. Silencio y oscuridad. La única combinación que conocía para poder hacer algo productivo. O eso desde que volvió de aquel viaje. "Que buenos tiempos. Pero ahora debo centrarme. Tengo que averiguarlo antes de que sea demasiado tarde."
Antes de volver a teclear, se volvió hacia la ventana. Allí estaba. Iluminada por la blanquecina luz del ordenador, tenía un toque fantasmagórico. La rosa que se habían encontrado la primera cita y que lentamente se marchitaba a pesar de los cuidados que le había intentado dar. Estaba visto que su futuro como botánico sería muy negro. Día a día los pétalos se secaban y caían junto al intento de elixir de la vida que había fabricado con cosas que había encontrado por casa. El montón crecía, pero él lo dejaba, incluso colocaba los pétalos caídos formando círculos concéntricos viendo como evolucionaba el marchitamiento. Era su vena científico-analítica-freak y ella la respetaba. Pero, ¿por qué ella sí? Debía encontrar la conexión rápido.
Volvió al principio, revisó como se habían conocido, los escuetos mensajes, los correos, las fotos que tenían juntos, las veces que habían salido como amigos, las veces que habían salido como algo más, las veces que sus miradas furtivas se encontraban y sonreían, las riñas, las bromas, las sobradas que le hacía y las que recibía...Lo rebusco todo y siguió sin encontrar nada que le pudiera decir el porqué. El sonido del chat le sacó de su ensimismamiento. Miró el reloj, faltaban diez minutos para las cinco de la mañana. Sintió una corazonada mientras minizaba pestañas hasta llegar al explorador. Era ella (¿quién sino a esas horas tan intempestivas?)
-¿Todavia despierto o ya estás despierto? :P
-Todavía, ¿Y tú que se supone que haces que no estás durmiendo?
-Tengo examen y repaso mejor por la noche...¿Cuál es tu excusa?
-Yo justo al contrario...Pues hay algo que no me puedo quitar de la cabeza...
-¡Y no me digas más, yo tengo la solución!
-Como me conoces...Pues si, es por tu culpa.
-Me gusta esto de ser la persona que te quita el sueño, aunque me gustaría que fuera de otra forma :P ¿Qué puedo hacer por ti esta noche/mañana?
-Respóndeme a una pregunta, ¿por qué yo?
-No entiendo la pregunta
-No hay nada más, solo contesta. ¿Por qué yo?
-Porque siempre has sido tú.
-¿Siempre, no? Por eso de que me conoces desde la guardería... Ahora en serio. ¿Por qué yo?
-¿Y quien mejor que tú para mi?
-Gracias era todo lo que necesitaba oír. Me voy a dormir. Te llamo mañana Buenas noches y Suerte.
Sin esperar la respuesta apagó el ordenador y tras desconectar el cable de alimentación se tapó con las mantas. Al cerrar los ojos, se quedó completamente dormido mientras una sonrisa aparecía en su rostro.
Antes de volver a teclear, se volvió hacia la ventana. Allí estaba. Iluminada por la blanquecina luz del ordenador, tenía un toque fantasmagórico. La rosa que se habían encontrado la primera cita y que lentamente se marchitaba a pesar de los cuidados que le había intentado dar. Estaba visto que su futuro como botánico sería muy negro. Día a día los pétalos se secaban y caían junto al intento de elixir de la vida que había fabricado con cosas que había encontrado por casa. El montón crecía, pero él lo dejaba, incluso colocaba los pétalos caídos formando círculos concéntricos viendo como evolucionaba el marchitamiento. Era su vena científico-analítica-freak y ella la respetaba. Pero, ¿por qué ella sí? Debía encontrar la conexión rápido.
Volvió al principio, revisó como se habían conocido, los escuetos mensajes, los correos, las fotos que tenían juntos, las veces que habían salido como amigos, las veces que habían salido como algo más, las veces que sus miradas furtivas se encontraban y sonreían, las riñas, las bromas, las sobradas que le hacía y las que recibía...Lo rebusco todo y siguió sin encontrar nada que le pudiera decir el porqué. El sonido del chat le sacó de su ensimismamiento. Miró el reloj, faltaban diez minutos para las cinco de la mañana. Sintió una corazonada mientras minizaba pestañas hasta llegar al explorador. Era ella (¿quién sino a esas horas tan intempestivas?)
-¿Todavia despierto o ya estás despierto? :P
-Todavía, ¿Y tú que se supone que haces que no estás durmiendo?
-Tengo examen y repaso mejor por la noche...¿Cuál es tu excusa?
-Yo justo al contrario...Pues hay algo que no me puedo quitar de la cabeza...
-¡Y no me digas más, yo tengo la solución!
-Como me conoces...Pues si, es por tu culpa.
-Me gusta esto de ser la persona que te quita el sueño, aunque me gustaría que fuera de otra forma :P ¿Qué puedo hacer por ti esta noche/mañana?
-Respóndeme a una pregunta, ¿por qué yo?
-No entiendo la pregunta
-No hay nada más, solo contesta. ¿Por qué yo?
-Porque siempre has sido tú.
-¿Siempre, no? Por eso de que me conoces desde la guardería... Ahora en serio. ¿Por qué yo?
-¿Y quien mejor que tú para mi?
-Gracias era todo lo que necesitaba oír. Me voy a dormir. Te llamo mañana Buenas noches y Suerte.
Sin esperar la respuesta apagó el ordenador y tras desconectar el cable de alimentación se tapó con las mantas. Al cerrar los ojos, se quedó completamente dormido mientras una sonrisa aparecía en su rostro.
23 de febrero de 2011
Quimera viajera
La lluvia repicaba con fuerza sobre el sucio cristal. Las luces de los coches iluminaban la angosta habitación. El ventilador traquetea intentando, en vano, disipar el cargado ambiente de humo de cigarrillos baratos y olor a humedad mal escondido por el ambientador de lavanda fresca. Parecía la atmósfera perfecta para una película de suspense, tal vez incluso una de acción con disparos que, casi, parecen de verdad. Y sin embargo habían planeado todo lo contrario. Un lugar romántico donde los dos fugitivos se reencontrarían para poner en común una nueva vida juntos.
Él, que siempre daba un paso atrás antes de avanzar, le había entusiasmado la idea y sin pensárselo dos veces, había cogido su petate y las llaves del viejo Ford de su padre y se había echado a la carretera. Era un frío martes de Febrero y a pesar de lo intempestivo del tiempo, había retenciones en la circunvalación y tuvo que esperar. Pero no estaba molesto, aún le quedaba mucho tiempo frente a la carretera como para ponerse nervioso.
Las horas pasaban y los discos de música se iban sucediéndose solo interrumpidos por el parte horario. Solo frente a la carretera. Hacía tiempo que la tortuosa autopista se había convertido en una línea infinita en mitad de la llanura desierta. Las luces del salpicadero mostraban las marcas que el cansancio y el paso del tiempo habían formado, aunque una ilusión seguía manteniéndole despierto: la ilusión de estar juntos de nuevo. De poner en práctica el plan que habían ideado hacía más de cinco meses, la última vez que se habían visto. Desde aquella calurosa noche fueron muchas las noches en vela frente a la pantalla del ordenador para poder seguir en contacto.
Con las últimas caladas al último cigarrillo de su cajetilla tomó el desvío al pequeño motel de carretera. El punto de encuentro. Por primera vez desde que había arrancado miró su móvil. No había novedades y llegaba media hora pronto.
Al entrar en el pequeño vestíbulo se dio cuenta de cuán cutre era el motel. Cuatro sillas de plástico desgastadas, tres cuadros en los que no se diferenciaban los colores y una planta conformaban todo el mobiliario frente a la ventana que se suponía donde debería de estar el recepcionista. Al pulsar el timbre salió una señora mayor que amablemente le indicó que ya había llegado alguien a recoger la llave de su habitación. Sin mediar más palabra salió extrañado, petate en mano, en su busca.
La habitación no era mucho mejor que el resto del motel. La puerta parecía resistente,aunque solo lo parecía; una cama, una silla de madera y un escritorio de oficina reutilizado eran todo el ajuar de la habitación; una maceta con flores de plástico y una lampara fundida eran todo el toque decorativo de la minimalísta habitación.
Sentada frente al escritorio ella garabateaba una nota de despedida con su barra de labios.
-¿Y así es como me enteraré de que aún no estas preparada, no?
Se levantó y le clavó esos ojos fríos como el metal, sin contestarle. Recogió la barra y la metió en su inseparable bolso. Iba a ponerse la chaqueta cuando él salió de su ensimismamiento.
-¿No piensas decir nada? ¿Me haces recorrer casi 500 km tras un sueño y ahora te vas sin decir nada?
-Sabías que iba a pasar, no te engañes. Era sólo un sueño y teníamos que despetar en algún momento. A mi me ha costado, pero ya está hecho. Ahora solo te toca a tí. Adiós.
Y trás darle un fugaz beso en los labios se marchó cerrando de un portazo su sueño de una noche de verano.
Él, que siempre daba un paso atrás antes de avanzar, le había entusiasmado la idea y sin pensárselo dos veces, había cogido su petate y las llaves del viejo Ford de su padre y se había echado a la carretera. Era un frío martes de Febrero y a pesar de lo intempestivo del tiempo, había retenciones en la circunvalación y tuvo que esperar. Pero no estaba molesto, aún le quedaba mucho tiempo frente a la carretera como para ponerse nervioso.
Las horas pasaban y los discos de música se iban sucediéndose solo interrumpidos por el parte horario. Solo frente a la carretera. Hacía tiempo que la tortuosa autopista se había convertido en una línea infinita en mitad de la llanura desierta. Las luces del salpicadero mostraban las marcas que el cansancio y el paso del tiempo habían formado, aunque una ilusión seguía manteniéndole despierto: la ilusión de estar juntos de nuevo. De poner en práctica el plan que habían ideado hacía más de cinco meses, la última vez que se habían visto. Desde aquella calurosa noche fueron muchas las noches en vela frente a la pantalla del ordenador para poder seguir en contacto.
Con las últimas caladas al último cigarrillo de su cajetilla tomó el desvío al pequeño motel de carretera. El punto de encuentro. Por primera vez desde que había arrancado miró su móvil. No había novedades y llegaba media hora pronto.
Al entrar en el pequeño vestíbulo se dio cuenta de cuán cutre era el motel. Cuatro sillas de plástico desgastadas, tres cuadros en los que no se diferenciaban los colores y una planta conformaban todo el mobiliario frente a la ventana que se suponía donde debería de estar el recepcionista. Al pulsar el timbre salió una señora mayor que amablemente le indicó que ya había llegado alguien a recoger la llave de su habitación. Sin mediar más palabra salió extrañado, petate en mano, en su busca.
La habitación no era mucho mejor que el resto del motel. La puerta parecía resistente,aunque solo lo parecía; una cama, una silla de madera y un escritorio de oficina reutilizado eran todo el ajuar de la habitación; una maceta con flores de plástico y una lampara fundida eran todo el toque decorativo de la minimalísta habitación.
Sentada frente al escritorio ella garabateaba una nota de despedida con su barra de labios.
-¿Y así es como me enteraré de que aún no estas preparada, no?
Se levantó y le clavó esos ojos fríos como el metal, sin contestarle. Recogió la barra y la metió en su inseparable bolso. Iba a ponerse la chaqueta cuando él salió de su ensimismamiento.
-¿No piensas decir nada? ¿Me haces recorrer casi 500 km tras un sueño y ahora te vas sin decir nada?
-Sabías que iba a pasar, no te engañes. Era sólo un sueño y teníamos que despetar en algún momento. A mi me ha costado, pero ya está hecho. Ahora solo te toca a tí. Adiós.
Y trás darle un fugaz beso en los labios se marchó cerrando de un portazo su sueño de una noche de verano.
17 de enero de 2011
La tormenta (I)
Tras el cristal sólo el repicar de la lluvía da constancia de que hay algo fuera, de que no todo es esa inquietante oscuridad. No hay luces en la calle, y con la que está callendo nadie está tan loco como para sacar el coche. Nada puede ser tan importante para hacerlo. Toda la región está en estado de alerta. Hay rumores deque el ejercito entrará con el amanecer a imponer el orden y empezar con las evacuaciones. Aún así nadie está seguro de que eso ocurra y mucho menos de que al día siguiente el orden habrá vuelto a sus apacibles vidas.
Dentro del apartamento sólo hay silencio. Una vela intenta alumbrar la pequeña alcoba, aunque apenas ilumina al único ocupante, que taciturno, se resiente a dormir. Mientras se mesa su indómita barba recapitula, por enésima vez desde que el gobierno había cortado la electricidad, cómo había comenzado su temporal...
Había sido una tarde calurosa de abril, como cada jueves había quedado con Lucía para tomar un café a media tarde. Le gustaba pensar que tenían una relación abierta aunque era completamente falso: ni siquiera tenían relación. Ella lo trataba como un amigo, un buen amigo; pero nada más, ni siquiera se imaginaba que Jorge tenía intención de dar un paso más adelante.
Como cada jueves, Lucía llegaba tarde. Frente al pequeño café, en la tienda de electrodomésticos, las televisiones emitían el parte horario al unisono: "Para esta noche se prevé la llegada de un frente ciclónico de nivel 2 en la escala Saffir-Simpson a las costas del noroste de nuestro País. Este frente traerá unas copiosas lluvias y posibles destrozos de diversida índole. El frente durará un par de días tras lo cual llegará otro frente anticiclónico esta vez desde el sureste que lo desplazará lejos de nuestras costas. Recuerden protegerse esta noche y eviten salir a la calle mañana por la mañana, cuando se espera la mayor actividad ciclónica. Eso es todo, buenas noches. Les dejamos con la información deportiva..."
-¿Llevas mucho esperandome?
Dentro del apartamento sólo hay silencio. Una vela intenta alumbrar la pequeña alcoba, aunque apenas ilumina al único ocupante, que taciturno, se resiente a dormir. Mientras se mesa su indómita barba recapitula, por enésima vez desde que el gobierno había cortado la electricidad, cómo había comenzado su temporal...
Había sido una tarde calurosa de abril, como cada jueves había quedado con Lucía para tomar un café a media tarde. Le gustaba pensar que tenían una relación abierta aunque era completamente falso: ni siquiera tenían relación. Ella lo trataba como un amigo, un buen amigo; pero nada más, ni siquiera se imaginaba que Jorge tenía intención de dar un paso más adelante.
Como cada jueves, Lucía llegaba tarde. Frente al pequeño café, en la tienda de electrodomésticos, las televisiones emitían el parte horario al unisono: "Para esta noche se prevé la llegada de un frente ciclónico de nivel 2 en la escala Saffir-Simpson a las costas del noroste de nuestro País. Este frente traerá unas copiosas lluvias y posibles destrozos de diversida índole. El frente durará un par de días tras lo cual llegará otro frente anticiclónico esta vez desde el sureste que lo desplazará lejos de nuestras costas. Recuerden protegerse esta noche y eviten salir a la calle mañana por la mañana, cuando se espera la mayor actividad ciclónica. Eso es todo, buenas noches. Les dejamos con la información deportiva..."
-¿Llevas mucho esperandome?
8 de diciembre de 2010
La Musicoteca: Stuck In the Middle (with you)
Tras un pequeño paréntesis vuelvo a la carga. La canción que hoy os dejo es una cover/versión (y que no parezca que aquí solo cuelgo versiones) de la que compusieron allá por los 70 los escoceses Joe Egan y Gerry Rafferty (que luego sacaría Baker Street, de la que prometo hablar en un tiempo no muy futuro) para su grupo Stealers Wheel, conocida por aparecer en la película Reservoir Dogs de Quentin Tarantino.
La versión que hoy os recomiendo está realizada por el cantante de jazz canadienese Michael Bublé, que no aparece en ningún disco, aunque se puede encontrar en Spotify en su disco Call me irresponsible de 2007. Para esta canción, y como es habitual en el canadiense, se rodea de una gran (y buena) Big Bang, con gran presencia para el piano, para realizar las cover. Cabe destacar el toque latino que parece que toma la canción con el acompañamiento de congas y bongós (que no bongo) aunque conforme la canción va pasando toma otros derroteros hasta el cambio de tono, ya casi al final del tema, donde podría situarse ya en el estilo más bubleiano (como hiciera en Feeling good) con metales enfrentados mientras la voz repite las últimas frases. Antes de dejaros el enlace solo decirso que aparte de hacer covers a su manera, también tiene canciones propias.
La versión que hoy os recomiendo está realizada por el cantante de jazz canadienese Michael Bublé, que no aparece en ningún disco, aunque se puede encontrar en Spotify en su disco Call me irresponsible de 2007. Para esta canción, y como es habitual en el canadiense, se rodea de una gran (y buena) Big Bang, con gran presencia para el piano, para realizar las cover. Cabe destacar el toque latino que parece que toma la canción con el acompañamiento de congas y bongós (que no bongo) aunque conforme la canción va pasando toma otros derroteros hasta el cambio de tono, ya casi al final del tema, donde podría situarse ya en el estilo más bubleiano (como hiciera en Feeling good) con metales enfrentados mientras la voz repite las últimas frases. Antes de dejaros el enlace solo decirso que aparte de hacer covers a su manera, también tiene canciones propias.
11 de noviembre de 2010
La Musicoteca: Rock and Roll All Nite
Cambiamos completamente de estilo: del chill out de los atardeceres de Ibiza al rock más duro de New York. Y de la mano de un grupo que no deja a nadie indiferente: Kiss.
Creado en 1972, este grupo neoyorkino, tuvo su máximo espléndor en el ámbito del hard rock durante toda la década de los 70's. Aparte de ser uno de los iconos del hard rock, se ha convertido también en todo un fenómeno social, debido a su puesta en escena tanto personalemente como en conjunto: de sobra conocidas sus actuaciones en vivo donde uno olvida que es un concierto ya que más bien parece un espectáculo macabro: escupiendo sangre y fuego, guitarras humeantes y fuegos artificiales, eso sin olvidarnos de sus trajes, pinturas (que según la leyenda solo se quitaban para volver a pintárselas...)y su flamante rock. Por todo ello son considerados una de las mejores bandas de rock en directo de todos los tiempos.
Aparte de lo "puramente musical" Kiss supo vender toda su imágen y todavía hoy día se pueden encontrar desde muñecos articulados de sus integrantes, hasta comics, sin olvidar las parodias que aparecen en las series de animación o pinballs.En la década de los 80 la banda sufrió una transformación. Debido, a problemas de abuso de todo tipo de sustancias por una parte, problemas de liderazgo y a la reclusión de sus verdaderos individuos (ya que todos habían tomado un alter ego desde su formación); dos de sus miembros decidieronirse y el resto se hizo un lavado de cara (y nunca mejor dicho). Desde entonces la banda sigue componiendo y dando conciertos, pero sin ese toque macábro de los primeros años.
Esta tema es uno de los temas estrella de la banda. Grabado en 1975 (Dressed to Kill), la solían tocar en sus conciertos a modo de despedida, de echo si buscais por Youtube sólo encontrareis versiones en directo de este éxito. Aparece en númerosas listas de "Las mejores canciones de..." Aunque ahora mismo por lo que es más conocida es por el hecho de aparecer en diferentes ediciones del videojuego Guitar Hero. De la letra decir que no es que sea de esas que recuerdas por las coasas tan profundas que dice, sino por la de veces que gritas (porque no lo cantas) el estribillo:
You keep on shoutin, you keep on shoutin
I wanna rock and roll all nite and party every day!!
Por último despedirme de la misma forma que Stanley presentaba esta canción en su actuación en MTV Video Music Awards de 1996:
"There's only one nation, that's Kiss Nation, there's only one Rock & Roll national anthem: Rock and Roll All Nite, party everyday!"
2 de noviembre de 2010
La Musicoteca de Moreira: Inauguración y Nocturno Nº2
"Y como decíamos ayer...", como dijera Fray Luis de León tras volver a impartir sus clases en la Universidad de Salamanca después de su estancia en la cárcel, esto prosigue (al menos por ahora) y, como decía una emblemática frase de Unamuno trasformada luego por la sociedad, " hay que renovarse o morir". Por eso inauguro esta nueva sección, que al igual que otros antes que yo, dedicada sólo a la música, pero sin centrarla en un sólo categoría.
Aquí nacen La Musicoteca de Moreira. Habrá entradas dedicadas al rock, pop, música clásica, jazz, popular...Prometo ser ecléctico.
Que mejor forma de empezar a serlo que con un tema clásico remodelado. Antes de nada puntualizar que por música clásica yo entiendiendo la música culta o la música seria compuesta entre el medioevo y el presente, también llamada música académica (copy-paste). Este remodealdo de los clásicos cada vez está más popularizado por su uso como bases de temas de rap, aunque no es algo novedoso ya que aparece por ejemplo en algunas peliculas de la época disco: en Saturday Fever, por ejemplo, se "actualiza" la 5º Sinfonía de Beethoven ( Walter Murphy – A Fifth of Beethoven (Beethoven's Fifth Symphony ). Aunque este tema está más cerca en el tiempo:
Café del Mar, es un bar de Ibiza situado en un enclave único sobre la playa de San Antonio que les permite ver unas fantásticas puestas de Sol.
Es famoso por la selección de música que pone en esos artadeceres, mezclas chill out de canciones del momento o populares, mientras el atento público disfruta de las vistas y su consumición. Desde 1994 editan un disco cada año donde aparecen algunas de las canciones que pinchan en los ocasos.
Este tema pertenece al segundo volumén de un recopilatorio especial donde se hacían versiones chill out de música clásica (Café del Mar Classic II) En este caso del Nocturno Op.9 n.º 2 de Chopin, obra de sobra conocida del compositor polaco.
Pdt: A parte de las actualizaciones que haga en el blog, crearé una lista de reproducción publica en mi pérfil de Spotify desde donde podreís acceder a todas estas canciones.
Pdt: A parte de las actualizaciones que haga en el blog, crearé una lista de reproducción publica en mi pérfil de Spotify desde donde podreís acceder a todas estas canciones.
1 de agosto de 2010
Memorias de mochilero
Aún no había amanecido, pero ya llevaba varias horas viajando. Había decidido aprovechar la frescura de la noche para adelantar el camino y poder hacer un alto en las horas de más calor. Además contaba con que hasta dentro de una hora no hubiera nadie más por las carreteras y hacer todo el papeleo de las aduanas con tranquilidad. Como equipaje sólo llevaba una mochila alpina a su espalda cargada hasta los topes. No necesitaba más.
Llego a la frontera antes de lo previsto, con los primeros rayos del sol dándole en el casco. No le hizo falta mostrar documentación alguna. Condujo por las calles de la primera ciudad extranjera que pisaba. Nadie se le quedaba mirando como cuando salió de su casa, la suya era la estampa normal al otro lado de la frontera. Al llegar al parking de la estación aminoró la velocidad y colocó su Vespa junto a las otras motos. Tras asegurarse de que quedaría a buen recaudo, guardó el casco y se desapelmazó el pelo.
Entró en la pequeña estación y sin mucho esfuerzo encontró la ventanilla de venta de billetes. En su vasto inglés chapurreo un saludo. Para su sorpresa la contestación fue en español. Un par de frases después ya tenía el billete en sus manos. El billete con destino a una vida nueva.
4 de julio de 2010
Arrivederci¡
Hoy significa el final de una etapa. Y también el comienzo de otra. El ciclo, al menos por ahora, continua sin (demasiados) tropiezos. Hoy es el día en el que tengo que decir adios al "plato caliente sobre la mesa" y hola a "busca y vive tu propia vida". Y también el día en que me iré a recorrer mundo por mi cuenta. Hable con quien hable, la frase se repite: "Disfruta de este verano, será el verano. No volverás a tener otro verano como éste."Son la voz de la experiencia, y hay que creerles.
Dentro de apenas unas horas cogeré el bus que me llevara de destino a la madured. O al menos algo parecido a la independencia. Tal vez dentro de unos años me acuerde de estos momentos con alegría. O no. Eso nadie lo sabe. Pero hay de lo que estoy seguro: algo va a cambiar. Para bien o para mejor.

Dentro de apenas unas horas cogeré el bus que me llevara de destino a la madured. O al menos algo parecido a la independencia. Tal vez dentro de unos años me acuerde de estos momentos con alegría. O no. Eso nadie lo sabe. Pero hay de lo que estoy seguro: algo va a cambiar. Para bien o para mejor.

No se cuado volveré, tan sólo espero hacerlo.
1 de julio de 2010
Nunca es tarde (II)
Caminaban a paso rápido con la cabeza gacha por las calles de la solitaria ciudad. El tren llegó puntual a la estación, y aunque creyeron que llegarían a tiempo, ya llegaban tarde. Y mirar cada poco el reloj no les serviría de nada. Iba a ser un día muy duro y no había más que comenzado. Ambos llevaban los auriculares en un intento de aislarse de la compañía que horas más tarde buscarían.
Tardaron poco más de veinte minutos en llegar a la impresiontante mole que guardaba la biblioteca estudiantil. Aún estaba cerrada, pero ya sabían que llegaban tarde. Levantó la vista y se fijó por primera vez en los ojos de su acompañante. No tenían el menor rastro de dudas o inquietud. Al menos, tenía la seguridad de que uno de los dos estaba seguro de lo que iban a hacer.
Rodearon el edificio y, subiendo por la escalera de incendios, llegaron a la puerta de la segunda planta, que como siempre, estaba abierta. Sin esfuerzo la empujaron y giraron a la derecha hasta quedar frente a la puerta del despacho del profesor Vilagar. Su refugio cuando aún se podía decir que "estudiaban" en la biblioteca. La puerta estaba entornada, permitía que la luz ambarina de la lámpara del escritorio inundára el corredor. Se aproximaron a la puerta y pudieron oir el leve zumbido del viejo tocadiscos del profesor cuando se acababa el disco.
-Debe de haberse quedado trabajando hasta tarde, como hacía entonces - susurró su compañero mientras empujaba lentamente la puerta.- Aún estamos a tiempo de dar la vuelta si quieres.
-Pasen - respondió una voz grave desde dentro-, les estábamos esperando.
Abrieron la puerta y vieron al profesor de pie junto a la mesa. El paso de los años no le afectaba: el mismo frondoso bigote blanco, las mismas gafas de concha desgastadas y sus temblorosas manos, siempre jugando con un inagotable Bic azul. No les miraba a ellos sino a las dos mujeres que le acompañaban que, sentadas en el viejo tresillo, pasaban desapercibidas.
-Bienvenidos, una vez más- dijó el profesor desde dentro.- No os preocupeis por mi compañía, las conoceis mejor de lo que pensaís.
Tras entrar en el despacho, rodearon el tresillo hasta quedar junto al profesor. Frente a él estaban dos mujeres. No solían ser el tipo de persona que entraba a ver al profesor, estudiantes en busca de apoyo o con demasiadas respuestas; no, ellas daban la impresión de venir en calidad de iguales a conversar con un compañero de investigación. De las dos, él se quedó mirando a los ojos de la que tenía enfrente: unos ojos claros, pero muy profundos. Conocía esos ojos de hacía mucho tiempo, aunque creía que había podido olvidarlos. No necesitaba seguir mirando, ni siquiera preguntar. Nunca era tarde para reencontrarse con su primer amor.
Tardaron poco más de veinte minutos en llegar a la impresiontante mole que guardaba la biblioteca estudiantil. Aún estaba cerrada, pero ya sabían que llegaban tarde. Levantó la vista y se fijó por primera vez en los ojos de su acompañante. No tenían el menor rastro de dudas o inquietud. Al menos, tenía la seguridad de que uno de los dos estaba seguro de lo que iban a hacer.
Rodearon el edificio y, subiendo por la escalera de incendios, llegaron a la puerta de la segunda planta, que como siempre, estaba abierta. Sin esfuerzo la empujaron y giraron a la derecha hasta quedar frente a la puerta del despacho del profesor Vilagar. Su refugio cuando aún se podía decir que "estudiaban" en la biblioteca. La puerta estaba entornada, permitía que la luz ambarina de la lámpara del escritorio inundára el corredor. Se aproximaron a la puerta y pudieron oir el leve zumbido del viejo tocadiscos del profesor cuando se acababa el disco.
-Debe de haberse quedado trabajando hasta tarde, como hacía entonces - susurró su compañero mientras empujaba lentamente la puerta.- Aún estamos a tiempo de dar la vuelta si quieres.
-Pasen - respondió una voz grave desde dentro-, les estábamos esperando.
Abrieron la puerta y vieron al profesor de pie junto a la mesa. El paso de los años no le afectaba: el mismo frondoso bigote blanco, las mismas gafas de concha desgastadas y sus temblorosas manos, siempre jugando con un inagotable Bic azul. No les miraba a ellos sino a las dos mujeres que le acompañaban que, sentadas en el viejo tresillo, pasaban desapercibidas.
-Bienvenidos, una vez más- dijó el profesor desde dentro.- No os preocupeis por mi compañía, las conoceis mejor de lo que pensaís.
Tras entrar en el despacho, rodearon el tresillo hasta quedar junto al profesor. Frente a él estaban dos mujeres. No solían ser el tipo de persona que entraba a ver al profesor, estudiantes en busca de apoyo o con demasiadas respuestas; no, ellas daban la impresión de venir en calidad de iguales a conversar con un compañero de investigación. De las dos, él se quedó mirando a los ojos de la que tenía enfrente: unos ojos claros, pero muy profundos. Conocía esos ojos de hacía mucho tiempo, aunque creía que había podido olvidarlos. No necesitaba seguir mirando, ni siquiera preguntar. Nunca era tarde para reencontrarse con su primer amor.
25 de junio de 2010
Tarde. Muy tarde (I)
Aún tenía el pelo húmedo cuando salió del baño a la carrera. Apenas tuvo tiempo a mirar lo primero que encontró en el armario y vestirse, llegaba tarde. Muy tarde. Sin abrocharse las gastadas Converse salió con lo puesto. Mientras esperaba al viejo ascensor llegara le dió tiempo a chequear la mochila. Aún no sabía como el móvil le podía haber vendido de esa forma y menos a pocos de días de algo tan importante. Y, por más que corría, llegaba tarde. Al llegar frente a la estación aminoró el ritmo al ver que aún no estaba su amigo esperando. Al agacharse para atarse, su amigo abrió la puerta.
-Ya creí que no venías y que nos quedaríamos durmiendo. Vamos, que todavía tenemos posibilidades de llegar a coger el de menos cinco.
-Ya creí que no venías y que nos quedaríamos durmiendo. Vamos, que todavía tenemos posibilidades de llegar a coger el de menos cinco.
Pasaron la tarjeta por el torno y se sentaron a esperar el cercanías. No había mucha gente en el andén. Era demasiado pronto para que los estudiantes salieran de casa. Y mucho más teniendo en cuenta que las notas finales ya habían sido publicadas. El tren, como no podía ser de otra forma, llego puntual. No hablaron mucho durante el viaje, ya no había más que hablar. Se respiraba la tensión en el ambiente y ya era tarde para poder cambiarlo.
13 de junio de 2010
Una por Riestra
Hace ya unos años que te conozco. Nunca coincidimos en clase, es cierto; de echo tampoco cursamos las mismas asignaturas: yo pertenecía a ese grupo ajeno de alemán y tú ibas a francés. De tú existencia sólo sabía tu nombre, ¿qué coincidencia, no? Eras el hijo de la amiga de la madre de mi mejor amigo, esa fue tu presentación aquella veraniega noche, una de las primeras que a nuestra, entonces corta, edad saliamos. Eran las fiestas de Begoña y mientras "escuchábamos" uno de esos conciertos, aprovechamos para hacer amistad mientras el Héctor jugaba a intentar lanzar al mar a Sandra. Creo que desde entonces guardó buen recuerdo de tí.
Un par de años de saludos por los pasillos de dentro y fuera del instituto. Curioso que mis motes cambiaban mientras tú seguías siendo Borja. Ni apellido ni nada. Hasta que Los Diéciseis me reclutaron dentro de sus filas (que por aquel entonces no llegaban a ser más de Los doce con Trece) y comenzaron las rutinas de los sábados: los hijoputa y las apuestas de partido del Molinuku, la hora de cenar, los chupitos del Hat-Trik, la vuelta a casa...
Miembro cofundador de la Generación del '09, entusiasta viajero y cronista de sus andanzas, además de creador de de historias irrealmente ciertas; tienes el título (o carga) de ser el único integrante del grupo que no comparte el estudio de las ciencias. Nó solo aguantas nuestras ya repetitivas muestras de afecto por el bachiller "fácil" (que tampoco lo es tanto) sino que te ries con ellas No sé como lo aguantas, deberías llamarte Job, por la paciencia que tienes con todos.
Aunque lo que más valoro es tu sinceridad para decir las cosas importantes, no te las guardas; y para guardar aquello que te confíamos.
Por si no lo había dicho aún, hoy es tú cumpleaños, y a pesar de que nuestra "amiga" PAU (creo que no hace falta aclarar cuál de todas, no?) nos esperá el martes...espero que disfrutes de tu mayoría de edad en este día.
Parece que esto ya es tradicional, felicitarnos a base de entrada en el tablón, algo distinguido y personal que sólo unos pocos privilegiados tienen el honor de recibir. Hoy tú estás entre ellos. Así que sólo me queda decir:
Un par de años de saludos por los pasillos de dentro y fuera del instituto. Curioso que mis motes cambiaban mientras tú seguías siendo Borja. Ni apellido ni nada. Hasta que Los Diéciseis me reclutaron dentro de sus filas (que por aquel entonces no llegaban a ser más de Los doce con Trece) y comenzaron las rutinas de los sábados: los hijoputa y las apuestas de partido del Molinuku, la hora de cenar, los chupitos del Hat-Trik, la vuelta a casa...
Miembro cofundador de la Generación del '09, entusiasta viajero y cronista de sus andanzas, además de creador de de historias irrealmente ciertas; tienes el título (o carga) de ser el único integrante del grupo que no comparte el estudio de las ciencias. Nó solo aguantas nuestras ya repetitivas muestras de afecto por el bachiller "fácil" (que tampoco lo es tanto) sino que te ries con ellas No sé como lo aguantas, deberías llamarte Job, por la paciencia que tienes con todos.
Aunque lo que más valoro es tu sinceridad para decir las cosas importantes, no te las guardas; y para guardar aquello que te confíamos.
Por si no lo había dicho aún, hoy es tú cumpleaños, y a pesar de que nuestra "amiga" PAU (creo que no hace falta aclarar cuál de todas, no?) nos esperá el martes...espero que disfrutes de tu mayoría de edad en este día.
Parece que esto ya es tradicional, felicitarnos a base de entrada en el tablón, algo distinguido y personal que sólo unos pocos privilegiados tienen el honor de recibir. Hoy tú estás entre ellos. Así que sólo me queda decir:
¡Felicidades Riestra¡ ...y que cumplas muchos más¡
Posdata: He vuelto, y esta vez es para quedarme...al menos por un rato
1 de mayo de 2010
Conflicto en la estación.[El sonido de una lágrima (III)]
El inapelable destino siempre juega una mano por delante de la del resto de jugadores. Él, que había jurado no volver a aquel nefasto pueblo perdido entre las colinas, aparecía ahora vestido para la ocasión. No había podido encontrar un refuerzo libre para un día tan musicalmente ajetreado como lo era el del domingo de resurrección. Aún no había pensado en lo que haría para aguantar una hora en ese hostil ambiente y mucho más después de lo que había pasado. Si antes era un bicho raro, un urbanita con dotes de supremacía; ya no sabía cuál sería su próxima adquisición. Tediosamente sacó el billete de la cartera y lo pasó por la máquina, que con un agudo pitido se lo devolvió. "Mierda, otra vez se ha doblado. Con un poco de suerte -pensó, mientras pulsaba el vistoso botón de ayuda- nadie me contestará al otro lado del microfonillo y no tendré más remedio que quedarme en el andén."
Tras él, la puerta de la sellada taquilla se abrió, saliendo de ella una sombra. Al verle, se lanzó furioso contra él, golpeándole contra la máquina.
-Pero, ¿qué haces tú aquí? ¿No te basta con el daño que has hecho, que vuelves a por más? -gritó mientras le propinaba otro empujón. Por fin veía a su atacante y no es que le alentará demasiado saberlo.
-No es por gusto, ¿o de verdad crees, Enrique, que me gusta ver como me miráis con desprecio cada vez que llegó? Hice todo cuanto estaba en mi mano por no volver más, pero no hay nadie más disponible para tocar hoy, y la Banda me necesita.
-¿Y desde cuándo te preocupa alguien más que tu mismo? Que yo recuerde, tú siempre has sido el mismo personajillo egocéntrico y que va de sobrado por la vida.
-¡Yo siempre me he preocupado por los demás! -contestó airado.
-¿Y cómo explicas lo que le hiciste a Noa?
-Yo no hice nada, ella me cameló, y ella traicionó, tanto a mí como al resto, cuando vio que me había vinculado demasiado.
-No se cómo tienes los santos cojones de venir aquí contando esa cantidad de patrañas…
-Créetelo o no, ese es tu problema. El mío es sólo intentar hacer un poco de verdad entre tanta mentira…
Apartándolo contra la puerta, saltó la barrera y, respirando hondo, salió al pueblo.
Tras él, la puerta de la sellada taquilla se abrió, saliendo de ella una sombra. Al verle, se lanzó furioso contra él, golpeándole contra la máquina.
-Pero, ¿qué haces tú aquí? ¿No te basta con el daño que has hecho, que vuelves a por más? -gritó mientras le propinaba otro empujón. Por fin veía a su atacante y no es que le alentará demasiado saberlo.
-No es por gusto, ¿o de verdad crees, Enrique, que me gusta ver como me miráis con desprecio cada vez que llegó? Hice todo cuanto estaba en mi mano por no volver más, pero no hay nadie más disponible para tocar hoy, y la Banda me necesita.
-¿Y desde cuándo te preocupa alguien más que tu mismo? Que yo recuerde, tú siempre has sido el mismo personajillo egocéntrico y que va de sobrado por la vida.
-¡Yo siempre me he preocupado por los demás! -contestó airado.
-¿Y cómo explicas lo que le hiciste a Noa?
-Yo no hice nada, ella me cameló, y ella traicionó, tanto a mí como al resto, cuando vio que me había vinculado demasiado.
-No se cómo tienes los santos cojones de venir aquí contando esa cantidad de patrañas…
-Créetelo o no, ese es tu problema. El mío es sólo intentar hacer un poco de verdad entre tanta mentira…
Apartándolo contra la puerta, saltó la barrera y, respirando hondo, salió al pueblo.
29 de abril de 2010
El sonido de una lágrima (II)
Lo habían preparado para que fuera un gran día. Su gran día. Llevaban organizándolo semanas. Era el tema del que siempre hablaban antes de despedirse. Planeaban cada minuto, todo estaba previsto al mínimo detalle, sin dejar tiempo a la improvisación. Anhelaban el momento del reencuentro y en cada (fugaz) conversación maquinaban un poco más. Ambos tachaban en su calendario las jornadas que quedaban. Cada vez dibujándose más cerca en el horizonte, aumentando la inquietud de ambos.
Inexorablemente el día llegó. Amaneció nublado y amenazante de lluvia. Habría que trastocar un poco el plan. Sin necesidad de despertador, ambos se despertaron pronto, nerviosos por lo que podía pasar. No hizo falta que ella avisara cuando se subió al tren, ya estaba todo hablado. Tampoco él tuvo que correr para llegar a la estación, se sabía la hora de memoria. Ella traía en la mochila todo lo necesario para pasar el día según su horario. Él había pasado toda la mañana cocinando y adecentando el lugar. No dejaron momentos apasionados a su llegada, sólo un largo beso sobre su gélida mejilla. Él le cogió la bolsa y echó a andar, guiándola por toda la villa. Ella sonreía cada vez que él la miraba. Sus ojos brillaban de alegría, como a él le gustaban.
Tras el rápido paseo, llegaron al teatro a tiempo para poder escoger los mejores sitios, pero prefirieron colocarse en el lateral, justo en la línea de visión del solista. La sala comenzó a llenarse mientras los dos seguían mirándose en silencio, felices de poder (por fin) estar juntos. Una anciana pareja les pidió paso, como autómatas se levantaron para dejarles pasar. La anciana mujer sonrió al reconocer la estúpida expresión de sus caras. Susurró un "Gracias" mientras pasaba, conocedora de la ignorada respuesta. Paulatinamente las luces se fueron apagando y con ello las voces. Instintivamente su mano rozó la de él, quedando prendidas en un íntimo abrazo.
El recital fue conmovedor. El solista supo transmitir las sensaciones adecuadas para poner estremecer a sus oyentes durante más de una hora. En los ojos de ella, una lágrima estaba a punto de formarse. Él, delicadamente, le pasó su pañuelo por el ojo. Ella sonrió. No esperaron para felicitar al solista, tenían más cosas que hacer. Al salir, ya había comenzado a llover. Él intentó abrir el paraguas, pero ella no le dejó. Le cogió de la mano y, mientras se reía, lo llevó por las antiguas calles hasta un pequeño soportal.
-¡Pero qué haces, tenemos que seguir el horario! -le decía él mientras corrían.
Ella clavó su intensa mirada en sus ojos. Se acercó a su oído y susurró:
-Para eso tenemos los sueños...- y cogiendo su cabeza entre sus manos y suavemente le dio un beso en los labios. Su primer beso en la lluvia...
Inexorablemente el día llegó. Amaneció nublado y amenazante de lluvia. Habría que trastocar un poco el plan. Sin necesidad de despertador, ambos se despertaron pronto, nerviosos por lo que podía pasar. No hizo falta que ella avisara cuando se subió al tren, ya estaba todo hablado. Tampoco él tuvo que correr para llegar a la estación, se sabía la hora de memoria. Ella traía en la mochila todo lo necesario para pasar el día según su horario. Él había pasado toda la mañana cocinando y adecentando el lugar. No dejaron momentos apasionados a su llegada, sólo un largo beso sobre su gélida mejilla. Él le cogió la bolsa y echó a andar, guiándola por toda la villa. Ella sonreía cada vez que él la miraba. Sus ojos brillaban de alegría, como a él le gustaban.
Tras el rápido paseo, llegaron al teatro a tiempo para poder escoger los mejores sitios, pero prefirieron colocarse en el lateral, justo en la línea de visión del solista. La sala comenzó a llenarse mientras los dos seguían mirándose en silencio, felices de poder (por fin) estar juntos. Una anciana pareja les pidió paso, como autómatas se levantaron para dejarles pasar. La anciana mujer sonrió al reconocer la estúpida expresión de sus caras. Susurró un "Gracias" mientras pasaba, conocedora de la ignorada respuesta. Paulatinamente las luces se fueron apagando y con ello las voces. Instintivamente su mano rozó la de él, quedando prendidas en un íntimo abrazo.
El recital fue conmovedor. El solista supo transmitir las sensaciones adecuadas para poner estremecer a sus oyentes durante más de una hora. En los ojos de ella, una lágrima estaba a punto de formarse. Él, delicadamente, le pasó su pañuelo por el ojo. Ella sonrió. No esperaron para felicitar al solista, tenían más cosas que hacer. Al salir, ya había comenzado a llover. Él intentó abrir el paraguas, pero ella no le dejó. Le cogió de la mano y, mientras se reía, lo llevó por las antiguas calles hasta un pequeño soportal.
-¡Pero qué haces, tenemos que seguir el horario! -le decía él mientras corrían.
Ella clavó su intensa mirada en sus ojos. Se acercó a su oído y susurró:
-Para eso tenemos los sueños...- y cogiendo su cabeza entre sus manos y suavemente le dio un beso en los labios. Su primer beso en la lluvia...
El sonido de una lágrima (I)
Sobre sus ojos laboriosamente se formaba una lágrima. Tras una larga noche ahora estaban secos. Lentamente se deslizó por su áspera mejilla siguiendo el camino que en una semana tantas veces ella había recorrido con su delicada mano. Suspiró al recordarla, no la volvería a ver. Aunque la culpa no era de ella, que había antepuesto su verdadera realidad contándosela. Ella que le había dicho adiós tras aquel codiciado día. La culpa era suya por querer seguir soñando despierto. Por querer vivir para siempre en un mundo de fantasía junto a ella. Un mundo donde los trenes son instantáneos, donde los teléfonos tele transportan y donde la música, como no podía ser de otra forma, era la base de la sociedad. Al oír el silbido del tren cerró los ojos un instante, imaginándola apoyada en la verja sonriéndole. Con gesto mecánico se incorporó y, sin volver la vista a todo cuanto dejaba tras de sí, entró en el tren...
24 de abril de 2010
Día del libro
Hoy, 23 de Abril, se celebra el Día del libro, que conmemora la muerte del ilustre escritor manchego Miguel de Cervantes Saavedra, creador entre otras muchas del universal Quijote (también conocido como Las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha). Hoy es el día en el que las libreiras se vuelcan al público en general, aumentando la venta y promoción de obras a precios rebajados.
Según algunos, tal día como hoy, dos literatos universales también morían Sir William Shakespeare y Garcilaso de la Vega; ambos falsamente testificados. Si bien es cierto que murió Gracilaso de la Vega era el Inca, escritor de gran importancia para hispanoamérica y sin ninguna relación al caballero renacentista. En el caso de Shakespeare, murió un 23 de Abril según el calendario juliano, vigente en las Islas Británicas en el siglo XVI, y que difería en 10 días con el calendario gregoriano, ya establecido en los paises católicos.
En algunas regiones, como en Cataluña y Aragón, la festividad del Día del libro coincide con la festividad de San Jorge (o Sant Jordi). Ello conlleva a que en Cataluña este sea el día de los enamorados y por ello el hombre regale a su amada una rosa roja, símbolo del Santo y del amor en sí.
Para conmemorar un poco este día, y habiendo pasado la semana leyendo La Primavera avanza (Antología) del asturiano Ángel González para la PAU, qué mejor que unos poemas relacionados con el tema:
Muerte en el olvido
Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...
Mientras tú existas...
Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.
Según algunos, tal día como hoy, dos literatos universales también morían Sir William Shakespeare y Garcilaso de la Vega; ambos falsamente testificados. Si bien es cierto que murió Gracilaso de la Vega era el Inca, escritor de gran importancia para hispanoamérica y sin ninguna relación al caballero renacentista. En el caso de Shakespeare, murió un 23 de Abril según el calendario juliano, vigente en las Islas Británicas en el siglo XVI, y que difería en 10 días con el calendario gregoriano, ya establecido en los paises católicos.
En algunas regiones, como en Cataluña y Aragón, la festividad del Día del libro coincide con la festividad de San Jorge (o Sant Jordi). Ello conlleva a que en Cataluña este sea el día de los enamorados y por ello el hombre regale a su amada una rosa roja, símbolo del Santo y del amor en sí.
Para conmemorar un poco este día, y habiendo pasado la semana leyendo La Primavera avanza (Antología) del asturiano Ángel González para la PAU, qué mejor que unos poemas relacionados con el tema:
Muerte en el olvido
Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...
Mientras tú existas...
Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.
13 de abril de 2010
¿La última despedida?
Todo parece muerto en la pequeña estación. Ni siquiera los insectos más audaces se atreven a salir al frio para acercase a la tintineante farola. Tumbada sobre un descascarillado banco una sombra espera su turno. Un lejano rumor se acerca. Un traqueteante foco rompe la oscuridad reinante fuera del apeadero. Un estridente silbido cruza el pueblo fantasma, al que sólo un solitario perro contesta lanzando un ladrido a la reina de la noche. La sombra comienza entonces un extraño ritual de desperezamiento. Levantando la cabeza hasta la realizada luna, estira los brazos en un lunático saludo. Tras la rota verja de seguridad distingue la silueta de su fiel can, compañero de juegos y huidas, que ha venido a despedirse. Ambos saben que si sube el fantasmagórico expreso que ya se acerca, jamás volverán a verse. La humeante silueta aminoró la velocidad al distinguir su próximo pasajero. Mientras levanta su escueto petate, saca un manoseado pasaje de uno de los bolsos de su grueso chaquetón. Frente a él, una puerta se abre hacia un oscuro vagón.
-No lo hagas.-grita una autoritaria voz desde la oscuridad.
-¿Y quién se cree que es usted para poder darme órdenes?-Dice sin ni siquiera voltearse.
-Yo. ¿O piensas que me vas a dejar aquí sin tan siquiera despedirte?- contesta una escuálida voz mientras las dos figuras avanzaban al pequeño círculo de luz.
Un aire frio le recorre la espalda. Esa voz está grabada en lo más hondo de su ser. Una voz por la que muchos sentenciados se desquician. Él mismo había pasado por el sufrimiento de esa voz unos años antes en el penal. La dulce voz de la muerte...
No le hizo falta girarse para saber quiénes le imploraban. Aunque lo hiciera no hubiera visto nada. Tal vez unas Ray Ban Clubmaster ocultando el aire a la altura de unos invisibles ojos, o unas cartas en manos de la escuálida voz. Pero ninguna cara con los ojos llorosos, aguantando el llanto como el que la voz transmitía.
-Lo siento Frank. Tendreís que buscar a otro loco que se atreva a guardar un pueblo fantasma. Prefiero volver a mi eterna condena a muerte en el corredor que aguantar un minuto más este infierno. Adiós.
De un salto se sube al andrajoso vagón, cerrando la puerta tras de sí.
-No te preocupes, Frank. Moria ha dicho que lo volveremos a ver mucho antes de lo que él se imagina.
-Espero que estes en lo cierto. Porque en este pueblo necesitamos una autoridad. Por mucho pueblo fantasma que él crea que es, los crímenes que se cometen aquí son reales...
-Te doy mi palabra, Frank. Todo irá bien.
-Demasiado reales, Ashriel. Demasiado reales...
-No lo hagas.-grita una autoritaria voz desde la oscuridad.
-¿Y quién se cree que es usted para poder darme órdenes?-Dice sin ni siquiera voltearse.
-Yo. ¿O piensas que me vas a dejar aquí sin tan siquiera despedirte?- contesta una escuálida voz mientras las dos figuras avanzaban al pequeño círculo de luz.
Un aire frio le recorre la espalda. Esa voz está grabada en lo más hondo de su ser. Una voz por la que muchos sentenciados se desquician. Él mismo había pasado por el sufrimiento de esa voz unos años antes en el penal. La dulce voz de la muerte...
No le hizo falta girarse para saber quiénes le imploraban. Aunque lo hiciera no hubiera visto nada. Tal vez unas Ray Ban Clubmaster ocultando el aire a la altura de unos invisibles ojos, o unas cartas en manos de la escuálida voz. Pero ninguna cara con los ojos llorosos, aguantando el llanto como el que la voz transmitía.
-Lo siento Frank. Tendreís que buscar a otro loco que se atreva a guardar un pueblo fantasma. Prefiero volver a mi eterna condena a muerte en el corredor que aguantar un minuto más este infierno. Adiós.
De un salto se sube al andrajoso vagón, cerrando la puerta tras de sí.
-No te preocupes, Frank. Moria ha dicho que lo volveremos a ver mucho antes de lo que él se imagina.
-Espero que estes en lo cierto. Porque en este pueblo necesitamos una autoridad. Por mucho pueblo fantasma que él crea que es, los crímenes que se cometen aquí son reales...
-Te doy mi palabra, Frank. Todo irá bien.
-Demasiado reales, Ashriel. Demasiado reales...
30 de marzo de 2010
Retomando el hilo
Levantó la vista y se fijó en su gastado vestuario. Gastado de las prisas que normalmente le asolaban. Parecía que su vida se resumía en viajes entre concurridas estaciones y atestadas salas, con pequeños descansos para visitar el camastro. Parecía, porque algo estaba cambiando. Algo externo a él, porque para él nada había cambiado: seguía siendo el mismo curioso personaje sacado de una de esas novelas policiacas que tanto acostumbraba a leer. Nada que ver con el protagonista, él sería el personaje meditabundo, enterado de todo menos de lo verdaderamente importante: él mismo. En su figura se mantenían los gastados anteojos y su corte bohemio. Sólo hechaba en falta un anillo en su mano, sustituido por una marca en la piel. Ese anillo era el primer vestigio del cambio, el adios al pasado, al Tempus fugit y a las caras largas frente al cristal. Ante él se abrían nuevos horizontes, nuevos tiempos, un bonito pasaje en primera, quizá incluso un Carpe diem. Aún le quedaba mucho por descubrir. Pero ya no lo haría solo. Ahora navegaba bien iluminado con faroles verdes en ambos costados de la embarcación. Le empezaba a gustar el riesgo, las nocturnas charlas y, ante todo, su sonrisa. Juntos descubrieron su pasión por las aisladas playas, las románticas puestas de sol y las salvajes escapadas nocturnas.
Volvió a mirarase las manos y sonrió. Ella jugueteaba con un trozo de alambre retorcido. Logró colocarlo hasta la mitad del dedo anular. Sería su secreto, no cabía lugar a dudas. No se podía pensar otra cosa en los tiempos que corrían. Tiempos oscuros para los conservadores patriarcas. Para los jóvenes eran los tiempos del esperado cambio. Aunque ambos coincidían en que sería el tiempo donde la vida privada pasaría a ser pública y la vida pública pasaría a un segundo lugar. Importaría más el último ligue de la tertuliana del momento que la reforma sobre la educación y sus repercusiones sobre los futuros mandatarios. Tristemente, las futuras proles pensaban que eso era problema del Gobierno, no de la gente de a pie.
Toda la polémica le quedaba atrás. Él era feliz junto a ella. Al principio le encantaba soñar con como se sería su futuro. Siempre acababan con su cabeza dormida sobre su regazo. Eran en estos momentos cuando él aprovechaba para acariciarle el sedoso peloy dormir con tan agradable sansación. Lentamente se dió cuenta de cuán hondo estaba ella calando en él.
Volvió a mirarase las manos y sonrió. Ella jugueteaba con un trozo de alambre retorcido. Logró colocarlo hasta la mitad del dedo anular. Sería su secreto, no cabía lugar a dudas. No se podía pensar otra cosa en los tiempos que corrían. Tiempos oscuros para los conservadores patriarcas. Para los jóvenes eran los tiempos del esperado cambio. Aunque ambos coincidían en que sería el tiempo donde la vida privada pasaría a ser pública y la vida pública pasaría a un segundo lugar. Importaría más el último ligue de la tertuliana del momento que la reforma sobre la educación y sus repercusiones sobre los futuros mandatarios. Tristemente, las futuras proles pensaban que eso era problema del Gobierno, no de la gente de a pie.
Toda la polémica le quedaba atrás. Él era feliz junto a ella. Al principio le encantaba soñar con como se sería su futuro. Siempre acababan con su cabeza dormida sobre su regazo. Eran en estos momentos cuando él aprovechaba para acariciarle el sedoso peloy dormir con tan agradable sansación. Lentamente se dió cuenta de cuán hondo estaba ella calando en él.
Sólo sabes que estás verdaderamente enamorado cuando no quieres dormir por la noche,
porque tu vida real supera a tus sueños.
porque tu vida real supera a tus sueños.
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