La lluvia repicaba con fuerza sobre el sucio cristal. Las luces de los coches iluminaban la angosta habitación. El ventilador traquetea intentando, en vano, disipar el cargado ambiente de humo de cigarrillos baratos y olor a humedad mal escondido por el ambientador de lavanda fresca. Parecía la atmósfera perfecta para una película de suspense, tal vez incluso una de acción con disparos que, casi, parecen de verdad. Y sin embargo habían planeado todo lo contrario. Un lugar romántico donde los dos fugitivos se reencontrarían para poner en común una nueva vida juntos.
Él, que siempre daba un paso atrás antes de avanzar, le había entusiasmado la idea y sin pensárselo dos veces, había cogido su petate y las llaves del viejo Ford de su padre y se había echado a la carretera. Era un frío martes de Febrero y a pesar de lo intempestivo del tiempo, había retenciones en la circunvalación y tuvo que esperar. Pero no estaba molesto, aún le quedaba mucho tiempo frente a la carretera como para ponerse nervioso.
Las horas pasaban y los discos de música se iban sucediéndose solo interrumpidos por el parte horario. Solo frente a la carretera. Hacía tiempo que la tortuosa autopista se había convertido en una línea infinita en mitad de la llanura desierta. Las luces del salpicadero mostraban las marcas que el cansancio y el paso del tiempo habían formado, aunque una ilusión seguía manteniéndole despierto: la ilusión de estar juntos de nuevo. De poner en práctica el plan que habían ideado hacía más de cinco meses, la última vez que se habían visto. Desde aquella calurosa noche fueron muchas las noches en vela frente a la pantalla del ordenador para poder seguir en contacto.
Con las últimas caladas al último cigarrillo de su cajetilla tomó el desvío al pequeño motel de carretera. El punto de encuentro. Por primera vez desde que había arrancado miró su móvil. No había novedades y llegaba media hora pronto.
Al entrar en el pequeño vestíbulo se dio cuenta de cuán cutre era el motel. Cuatro sillas de plástico desgastadas, tres cuadros en los que no se diferenciaban los colores y una planta conformaban todo el mobiliario frente a la ventana que se suponía donde debería de estar el recepcionista. Al pulsar el timbre salió una señora mayor que amablemente le indicó que ya había llegado alguien a recoger la llave de su habitación. Sin mediar más palabra salió extrañado, petate en mano, en su busca.
La habitación no era mucho mejor que el resto del motel. La puerta parecía resistente,aunque solo lo parecía; una cama, una silla de madera y un escritorio de oficina reutilizado eran todo el ajuar de la habitación; una maceta con flores de plástico y una lampara fundida eran todo el toque decorativo de la minimalísta habitación.
Sentada frente al escritorio ella garabateaba una nota de despedida con su barra de labios.
-¿Y así es como me enteraré de que aún no estas preparada, no?
Se levantó y le clavó esos ojos fríos como el metal, sin contestarle. Recogió la barra y la metió en su inseparable bolso. Iba a ponerse la chaqueta cuando él salió de su ensimismamiento.
-¿No piensas decir nada? ¿Me haces recorrer casi 500 km tras un sueño y ahora te vas sin decir nada?
-Sabías que iba a pasar, no te engañes. Era sólo un sueño y teníamos que despetar en algún momento. A mi me ha costado, pero ya está hecho. Ahora solo te toca a tí. Adiós.
Y trás darle un fugaz beso en los labios se marchó cerrando de un portazo su sueño de una noche de verano.
23 de febrero de 2011
17 de enero de 2011
La tormenta (I)
Tras el cristal sólo el repicar de la lluvía da constancia de que hay algo fuera, de que no todo es esa inquietante oscuridad. No hay luces en la calle, y con la que está callendo nadie está tan loco como para sacar el coche. Nada puede ser tan importante para hacerlo. Toda la región está en estado de alerta. Hay rumores deque el ejercito entrará con el amanecer a imponer el orden y empezar con las evacuaciones. Aún así nadie está seguro de que eso ocurra y mucho menos de que al día siguiente el orden habrá vuelto a sus apacibles vidas.
Dentro del apartamento sólo hay silencio. Una vela intenta alumbrar la pequeña alcoba, aunque apenas ilumina al único ocupante, que taciturno, se resiente a dormir. Mientras se mesa su indómita barba recapitula, por enésima vez desde que el gobierno había cortado la electricidad, cómo había comenzado su temporal...
Había sido una tarde calurosa de abril, como cada jueves había quedado con Lucía para tomar un café a media tarde. Le gustaba pensar que tenían una relación abierta aunque era completamente falso: ni siquiera tenían relación. Ella lo trataba como un amigo, un buen amigo; pero nada más, ni siquiera se imaginaba que Jorge tenía intención de dar un paso más adelante.
Como cada jueves, Lucía llegaba tarde. Frente al pequeño café, en la tienda de electrodomésticos, las televisiones emitían el parte horario al unisono: "Para esta noche se prevé la llegada de un frente ciclónico de nivel 2 en la escala Saffir-Simpson a las costas del noroste de nuestro País. Este frente traerá unas copiosas lluvias y posibles destrozos de diversida índole. El frente durará un par de días tras lo cual llegará otro frente anticiclónico esta vez desde el sureste que lo desplazará lejos de nuestras costas. Recuerden protegerse esta noche y eviten salir a la calle mañana por la mañana, cuando se espera la mayor actividad ciclónica. Eso es todo, buenas noches. Les dejamos con la información deportiva..."
-¿Llevas mucho esperandome?
Dentro del apartamento sólo hay silencio. Una vela intenta alumbrar la pequeña alcoba, aunque apenas ilumina al único ocupante, que taciturno, se resiente a dormir. Mientras se mesa su indómita barba recapitula, por enésima vez desde que el gobierno había cortado la electricidad, cómo había comenzado su temporal...
Había sido una tarde calurosa de abril, como cada jueves había quedado con Lucía para tomar un café a media tarde. Le gustaba pensar que tenían una relación abierta aunque era completamente falso: ni siquiera tenían relación. Ella lo trataba como un amigo, un buen amigo; pero nada más, ni siquiera se imaginaba que Jorge tenía intención de dar un paso más adelante.
Como cada jueves, Lucía llegaba tarde. Frente al pequeño café, en la tienda de electrodomésticos, las televisiones emitían el parte horario al unisono: "Para esta noche se prevé la llegada de un frente ciclónico de nivel 2 en la escala Saffir-Simpson a las costas del noroste de nuestro País. Este frente traerá unas copiosas lluvias y posibles destrozos de diversida índole. El frente durará un par de días tras lo cual llegará otro frente anticiclónico esta vez desde el sureste que lo desplazará lejos de nuestras costas. Recuerden protegerse esta noche y eviten salir a la calle mañana por la mañana, cuando se espera la mayor actividad ciclónica. Eso es todo, buenas noches. Les dejamos con la información deportiva..."
-¿Llevas mucho esperandome?
8 de diciembre de 2010
La Musicoteca: Stuck In the Middle (with you)
Tras un pequeño paréntesis vuelvo a la carga. La canción que hoy os dejo es una cover/versión (y que no parezca que aquí solo cuelgo versiones) de la que compusieron allá por los 70 los escoceses Joe Egan y Gerry Rafferty (que luego sacaría Baker Street, de la que prometo hablar en un tiempo no muy futuro) para su grupo Stealers Wheel, conocida por aparecer en la película Reservoir Dogs de Quentin Tarantino.
La versión que hoy os recomiendo está realizada por el cantante de jazz canadienese Michael Bublé, que no aparece en ningún disco, aunque se puede encontrar en Spotify en su disco Call me irresponsible de 2007. Para esta canción, y como es habitual en el canadiense, se rodea de una gran (y buena) Big Bang, con gran presencia para el piano, para realizar las cover. Cabe destacar el toque latino que parece que toma la canción con el acompañamiento de congas y bongós (que no bongo) aunque conforme la canción va pasando toma otros derroteros hasta el cambio de tono, ya casi al final del tema, donde podría situarse ya en el estilo más bubleiano (como hiciera en Feeling good) con metales enfrentados mientras la voz repite las últimas frases. Antes de dejaros el enlace solo decirso que aparte de hacer covers a su manera, también tiene canciones propias.
La versión que hoy os recomiendo está realizada por el cantante de jazz canadienese Michael Bublé, que no aparece en ningún disco, aunque se puede encontrar en Spotify en su disco Call me irresponsible de 2007. Para esta canción, y como es habitual en el canadiense, se rodea de una gran (y buena) Big Bang, con gran presencia para el piano, para realizar las cover. Cabe destacar el toque latino que parece que toma la canción con el acompañamiento de congas y bongós (que no bongo) aunque conforme la canción va pasando toma otros derroteros hasta el cambio de tono, ya casi al final del tema, donde podría situarse ya en el estilo más bubleiano (como hiciera en Feeling good) con metales enfrentados mientras la voz repite las últimas frases. Antes de dejaros el enlace solo decirso que aparte de hacer covers a su manera, también tiene canciones propias.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)