13 de junio de 2010

Una por Riestra

Hace ya unos años que te conozco. Nunca coincidimos en clase, es cierto; de echo tampoco cursamos las mismas asignaturas: yo pertenecía a ese grupo ajeno de alemán y tú ibas a francés. De tú existencia sólo sabía tu nombre, ¿qué coincidencia, no? Eras el hijo de la amiga de la madre de mi mejor amigo, esa fue tu presentación aquella veraniega noche, una de las primeras que a nuestra, entonces corta, edad saliamos. Eran las fiestas de Begoña y mientras "escuchábamos" uno de esos conciertos, aprovechamos para hacer amistad mientras el Héctor jugaba a intentar lanzar al mar a Sandra. Creo que desde entonces guardó buen recuerdo de tí.

Un par de años de saludos por los pasillos de dentro y fuera del instituto. Curioso que mis motes cambiaban mientras tú seguías siendo Borja. Ni apellido ni nada. Hasta que Los Diéciseis me reclutaron dentro de sus filas (que por aquel entonces no llegaban a ser más de Los doce con Trece) y comenzaron las rutinas de los sábados: los hijoputa y las apuestas de partido del Molinuku, la hora de cenar, los chupitos del Hat-Trik, la vuelta a casa...

Miembro cofundador de la Generación del '09, entusiasta viajero y cronista de sus andanzas, además de creador de de historias irrealmente ciertas; tienes el título (o carga) de ser el único integrante del grupo que no comparte el estudio de las ciencias. Nó solo aguantas nuestras ya repetitivas muestras de afecto por el bachiller "fácil" (que tampoco lo es tanto) sino que te ries con ellas No sé como lo aguantas, deberías llamarte Job, por la paciencia que tienes con todos.

Aunque lo que más valoro es tu sinceridad para decir las cosas importantes, no te las guardas; y para guardar aquello que te confíamos.

Por si no lo había dicho aún, hoy es tú cumpleaños, y a pesar de que nuestra "amiga" PAU (creo que no hace falta aclarar cuál de todas, no?) nos esperá el martes...espero que disfrutes de tu mayoría de edad en este día.

Parece que esto ya es tradicional, felicitarnos a base de entrada en el tablón, algo distinguido y personal que sólo unos pocos privilegiados tienen el honor de recibir. Hoy tú estás entre ellos. Así que sólo me queda decir:

¡Felicidades Riestra¡ ...y que cumplas muchos más¡


Posdata: He vuelto, y esta vez es para quedarme...al menos por un rato

1 de mayo de 2010

Conflicto en la estación.[El sonido de una lágrima (III)]

El inapelable destino siempre juega una mano por delante de la del resto de jugadores. Él, que había jurado no volver a aquel nefasto pueblo perdido entre las colinas, aparecía ahora vestido para la ocasión. No había podido encontrar un refuerzo libre para un día tan musicalmente ajetreado como lo era el del domingo de resurrección. Aún no había pensado en lo que haría para aguantar una hora en ese hostil ambiente y mucho más después de lo que había pasado. Si antes era un bicho raro, un urbanita con dotes de supremacía; ya no sabía cuál sería su próxima adquisición. Tediosamente sacó el billete de la cartera y lo pasó por la máquina, que con un agudo pitido se lo devolvió. "Mierda, otra vez se ha doblado. Con un poco de suerte -pensó, mientras pulsaba el vistoso botón de ayuda- nadie me contestará al otro lado del microfonillo y no tendré más remedio que quedarme en el andén."

Tras él, la puerta de la sellada taquilla se abrió, saliendo de ella una sombra. Al verle, se lanzó furioso contra él, golpeándole contra la máquina.

-Pero, ¿qué haces tú aquí? ¿No te basta con el daño que has hecho, que vuelves a por más? -gritó mientras le propinaba otro empujón. Por fin veía a su atacante y no es que le alentará demasiado saberlo.

-No es por gusto, ¿o de verdad crees, Enrique, que me gusta ver como me miráis con desprecio cada vez que llegó? Hice todo cuanto estaba en mi mano por no volver más, pero no hay nadie más disponible para tocar hoy, y la Banda me necesita.

-¿Y desde cuándo te preocupa alguien más que tu mismo? Que yo recuerde, tú siempre has sido el mismo personajillo egocéntrico y que va de sobrado por la vida.

-¡Yo siempre me he preocupado por los demás! -contestó airado.

-¿Y cómo explicas lo que le hiciste a Noa?

-Yo no hice nada, ella me cameló, y ella traicionó, tanto a mí como al resto, cuando vio que me había vinculado demasiado.

-No se cómo tienes los santos cojones de venir aquí contando esa cantidad de patrañas…

-Créetelo o no, ese es tu problema. El mío es sólo intentar hacer un poco de verdad entre tanta mentira…

Apartándolo contra la puerta, saltó la barrera y, respirando hondo, salió al pueblo.

29 de abril de 2010

El sonido de una lágrima (II)

Lo habían preparado para que fuera un gran día. Su gran día. Llevaban organizándolo semanas. Era el tema del que siempre hablaban antes de despedirse. Planeaban cada minuto, todo estaba previsto al mínimo detalle, sin dejar tiempo a la improvisación. Anhelaban el momento del reencuentro y en cada (fugaz) conversación maquinaban un poco más. Ambos tachaban en su calendario las jornadas que quedaban. Cada vez dibujándose más cerca en el horizonte, aumentando la inquietud de ambos.

Inexorablemente el día llegó. Amaneció nublado y amenazante de lluvia. Habría que trastocar un poco el plan. Sin necesidad de despertador, ambos se despertaron pronto, nerviosos por lo que podía pasar. No hizo falta que ella avisara cuando se subió al tren, ya estaba todo hablado. Tampoco él tuvo que correr para llegar a la estación, se sabía la hora de memoria. Ella traía en la mochila todo lo necesario para pasar el día según su horario. Él había pasado toda la mañana cocinando y adecentando el lugar. No dejaron momentos apasionados a su llegada, sólo un largo beso sobre su gélida mejilla. Él le cogió la bolsa y echó a andar, guiándola por toda la villa. Ella sonreía cada vez que él la miraba. Sus ojos brillaban de alegría, como a él le gustaban.

Tras el rápido paseo, llegaron al teatro a tiempo para poder escoger los mejores sitios, pero prefirieron colocarse en el lateral, justo en la línea de visión del solista. La sala comenzó a llenarse mientras los dos seguían mirándose en silencio, felices de poder (por fin) estar juntos. Una anciana pareja les pidió paso, como autómatas se levantaron para dejarles pasar. La anciana mujer sonrió al reconocer la estúpida expresión de sus caras. Susurró un "Gracias" mientras pasaba, conocedora de la ignorada respuesta. Paulatinamente las luces se fueron apagando y con ello las voces. Instintivamente su mano rozó la de él, quedando prendidas en un íntimo abrazo.

El recital fue conmovedor. El solista supo transmitir las sensaciones adecuadas para poner estremecer a sus oyentes durante más de una hora. En los ojos de ella, una lágrima estaba a punto de formarse. Él, delicadamente, le pasó su pañuelo por el ojo. Ella sonrió. No esperaron para felicitar al solista, tenían más cosas que hacer. Al salir, ya había comenzado a llover. Él intentó abrir el paraguas, pero ella no le dejó. Le cogió de la mano y, mientras se reía, lo llevó por las antiguas calles hasta un pequeño soportal.

-¡Pero qué haces, tenemos que seguir el horario! -le decía él mientras corrían.

Ella clavó su intensa mirada en sus ojos. Se acercó a su oído y susurró:

-Para eso tenemos los sueños...- y cogiendo su cabeza entre sus manos y suavemente le dio un beso en los labios. Su primer beso en la lluvia...